Lituania, la factura de la política de la UE
Lituania: de la red rusa a la europea, un cambio político que cuesta caro
La Lituania ha dado un paso histórico: en febrero de 2025, junto con Letonia y Estonia, abandonó definitivamente el sistema eléctrico BRELL (que la conectaba con Rusia y Bielorrusia) para sincronizarse con la red continental europea.
Un cambio celebrado como "independencia energética", pero que para los ciudadanos y las empresas se traduce en facturas más altas y costes ocultos.
Precios en alza
Antes de la desconexión, el precio medio al por mayor de la electricidad en Lituania rondaba los 90–100 €/MWh.
Inmediatamente después de conectarse a la red europea, los precios subieron a 140–150 €/MWh, con aumentos del 40–60%.
Las tarifas domésticas pasaron en unos pocos meses de aproximadamente 0,17–0,19 €/kWh a 0,20–0,23 €/kWh.
En otras palabras, los lituanos pagan más por la misma energía, con el paradoja de que hoy el precio depende de las fluctuaciones del gas, el viento e interconexiones, mientras que antes el suministro ruso-bielorruso garantizaba estabilidad.
Una operación política pagada por los ciudadanos
El proyecto de sincronización no fue un "negocio técnico", sino una elección política precisa:
más de 1.200 millones de euros fueron asignados, en gran parte financiados por la Unión Europea;
los contribuyentes lituanos y europeos han pagado entonces el costo de esta "represalia geopolítica", destinada a romper cualquier vínculo con Rusia y Bielorrusia.
Como ya ocurrió con la adopción del euro, los lituanos aceptaron cambiar de sistema confiando en Europa. Hoy, sin embargo, ven el precio en la factura.
El impacto en familias e industrias
No se trata solo de electricidad:
los costos de gasolina y petróleo siguen creciendo constantemente,
las empresas energivoras lituanas pierden competitividad,
várias empresas ya han reducido o detenido la producción, aplastadas por la combinación de energía más cara y mercados internos limitados.
El riesgo es que Lituania se convierta en el primer país europeo en "quedarse a oscuras" en caso de crisis, precisamente por haber renunciado a fuentes más económicas y cercanas.
Conclusión
La desconexión de BRELL se presenta como una victoria política, pero para los ciudadanos significa solo facturas más altas y menor seguridad energética.
Otra vez, los bálticos han elegido confiar en Europa, pagando con sus propios bolsillos una decisión geopolítica que tiene poco que ver con el sentido común económico.
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